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"No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo"…
Julio Cortázar (Rayuela) 

Clítia y Helios

Afrodita, la diosa del amor y la belleza,  era esposa de Hefesto, el dios del fuego, pero la vida entre la pareja no era del todo feliz. Afrodita desconsolada, busco amor y compañía en dos hombres, uno era Ares, el dios de la guerra y el otro un mortal llamado Adonis.

Las aventuras de Afrodita fueron descubiertas por Helios, dios del sol, quien ingenio un plan para desmantelar a la diosa de la belleza y dejarla en ridículo en el Olimpo.

Afrodita herida por la jugada que le había hecho Helios, lanzo un hechizo e hizo que este se enamorara de la ninfa Leucótoe y que, a su vez Clitia, hermana de Leucótoe, se enamorara del Helios; Así, mientras Helios no podía posar sus ojos en otra mujer que no fuese Leucótoe, Clitia no podía pensar y amar a otro que no fuese  Helios.

Clítia, al darse cuenta que Helios no la correspondía, sino que amaba a su hermana Leucótoe, fue hasta casa de su padre y difamó a Leucótoe diciendo que ella mantenía un amor con un hombre desconocido y a escondidas; Éste, tras oír de boca de Clitia esos acontecimientos, enterró viva a Leucótoe quien murió poco tiempo después.

Este suceso provocó la ira de Helios, y Clítia, viendo el desprecio que mostraba el astro hacia ella, pasó nueve días ante la ventana girando su cara hacia el Sol para contemplarlo. No comía ni dormía.

Transcurridos los nueve días, los dioses se compadecieron de ella y fue cuando entonces Clítia comenzó a fundirse con el suelo, sus piernas se hicieron raíces hasta convertirse en Girasol.

El amor que sentía la ninfa era tal que aun siendo una planta ella giraba su cabeza para contemplar al sol desde el amanecer hasta el anochecer.

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